Por Luis Maria LLaneza
Según
cuenta una vieja leyenda en una calle de
la Provincia de Buenos Aires a una cuadra nomás del río existía una misteriosa
y amplía casa, de dos o tres pisos, en cuyo frente y costado se encontraban
varios balcones. En dichas estructuras colgantes crecía una espesa y variada
vegetación producto del abandono y favorecida por la humedad de la lluvia y
la casi inexistente interacción humana
como así también por alguna caricia húmeda de algún perro que
circunstancialmente exploraba el lugar, en busca de alguna presa o algún tesoro
escondido, el cual estaba bastante
descuidado para enojo de algún vecino cuyo mal genio nunca falta en
ninguna vecindad.
Esto
último estaba provocado por la sensación de abandono que tenía el lugar producto
del crecimiento incontrolado de la espesa y variada vegetación que crecía en el
lugar y que en la planta baja ya estaba ganando parte de la vereda lo cual
dificultaba no solo el tránsito por el lugar sino la incomodidad visual que
provocaba que algún vecino saliera con un machete en la mano y le arrojara
varios y furiosos golpes a las plantas y pastos que crecían en el lugar y que
ya alcanzaban a tener una entidad propia de los que se adueñan de un lugar
para no abandonarlo más, algo así como un ocupa verde. Generalmente
estos golpes no causaban ningún efecto sino solo la resignación del Robin Hood callejero quien
al poco tiempo se deleitaba con las flores y los aromas que destilaban las
plantas objeto de sus ataques. Hasta aquí esta historia no pasa de ser la misma
y repetida historia de cualquier casa abandonada sino fuera por lo que estaba
sucediendo mientras nosotros, tranquilamente, nos ocupábamos de la maleza que
igualmente seguía creciendo a pesar de nuestros condenatorios juicios de valor.
Claro
está que como consecuencia de la frondosa y húmeda selva barrial no se podían
divisar los huecos de las ventanas y, por ende, ninguno de los vecinos podía
chusmear lo que acontecía en ese extraño paisaje que por diferente de todos los
demás , de clase media, atraía toda la atención del morbo humano del lugar y
sus alrededores quienes ya habían
recibido noticia de ese raro paraje.
Como
sucede en todos estos casos y siempre que se advierte semejante anomalía del
conocimiento vulgar la gente del lugar cae en la cuenta que no se ve salir ni
entrar a persona alguna y que ya nadie recuerda que se hizo de sus habitantes
primigenios, ni de que se ocupaban o de que o como se ganaban la vida; ahora sí
que esta casa es un misterio completo: tiembla el barrio y tiemblan los
infiernos familiares que se despiertan cuando todos advierten la carencia de atención sobre la vida, destino y
suerte de los habitantes de esa casa…cómo se nos pudo pasar por alto semejante
intromisión a la privacidad ajena?...
Según cuenta una
vieja leyenda en una calle de la
Provincia de Buenos Aires vivía un hombre sobreviviente de una familia numerosa
que, en sus inicios, estaba compuesta por la pareja de padres y por varios
hijos de distinto sexo que llevaban una vida corriente ayudados por una pequeña
herencia familiar . Según cuentan trabajaban en una pequeña pero prospera
empresa familiar fabricando el pan con que empezaron surtiendo las necesidades
del barrio lo cual les alcanzaba para vivir, hasta aquí todo normal como era de
esperarse en cualquier historia rosa de final feliz donde terminan comiendo
felices y cantando villancicos en la chimenea. Dicen los conocedores de esta
leyenda que en determinado momento el destino cambio la historia de esta
familia y de repente la empresa panificadora cerró de pronto dejando en ascuas
a todos los corrillos del barrio quienes nunca supieron que se hizo de la
familia puesto que desaparecieron de repente y nunca más supieron de ellos
hasta que un día apareció en la casa uno de los hijos mayores quien se dedicó a
cuidar las plantas del balcón y a mantener aparentemente todo en orden. Todo un
misterio ya que el factor común de su supervivencia era la soledad y el
ostracismo ya que jamás intercambiaba palabra alguna con los vecinos hasta que
un día apareció una mujer, de quien no se conoce ningún dato ni descripción,
quien después de un tiempo también desapareció dejando similar estela de
misterio como toda la otra familia. Un tiempo más, aquel hombre triste y gris,
continuó residiendo en ese domicilio que ya empezaba con su progresivo
deterioro exteriorizándose en la desfachatez incontrolable de esa maraña
vegetal que pusiera en alerta a los vecinos quienes ya creían muerto a ese
hombre ausente de sociabilidad y por ende de simpatía y encanto comunal. Se sabe
por el decir popular que un día el hombre más triste, gris y silencioso que
nunca se marchó de la casa dejando huérfanas de cuidado a sus locas e
inestables compañeras de balcón. Cuenta esta breve historia que cuando los vecinos comenzaron a reunirse para deliberar acerca del misterio de los
habitantes de la casa reapareció el extraño hombre con un avanzado estado de
deterioro, más gris, con menos pelo, con el peso de la vida en su espalda y con
mucho más misterio; notaron que en su mano
derecha llevaba con mucho cuidado una bolsa de traje y una escoba. El
vecino de la casa contigua y después de muchísimo tiempo cree haber oído como
si alguien barriera pero dicha escucha
se la atribuyeron a su imaginación auditiva por el hecho de haberlo visto entrar
con una escoba. Antes de que terminara de anochecer y según relatan algunos
vecinos pocos creíbles lo vieron partir con las manos vacías, pero lo que más
le llamó la atención es que no había atendido con riego a sus queridas plantas
las que ya empezaban a subsistír por los
aciertos del servicio metereológico
cuando auguraban lluvias. Los dueños del relato, ya que toda leyenda tiene
sucesivos relatores, datan dicha aparición al día 5 sin recordar mes o año
pudiendo advertir con el paso del tiempo que dicha aparición se llevó a cabo
durante mucho tiempo el mismo día 5 de cada mes llevando siempre una bolsa de
plástico del tamaño de un traje y una escoba los que dejaba siempre cuando se
retiraba, se cree, a su domicilio .Esta leyenda se sigue contando pero casi siempre con finales variados de
conformidad a la imaginación y agregados de quien la cuenta.
Ya en el
presente ante el eminente peligro de
derrumbe y para dar paso a la maldita modernidad existe una casa amplia a una
cuadra del río en una calle de la
Provincia de Buenos Aires con balcones
exultantes de enmarañada y desobediente vegetación que invade la vereda que fue
abierta por órden judicial en la que el personal que trabaja en el cumplimiento
de la órden judicial se encontraron y no sin asombro con una casa llena de
trajes perfectamente acomodados uno al lado del otro en cuyas bolsas se encontraba escrita la data 5/1, 5/2 y así sucesivamente, a modo de ordenamiento, y en la habitación de
al lado muchas escobas todas ellas deterioradas por el fatal paso del tiempo
aumentando aún más el misterio de la casa abandonada; pero siguiendo en la
exploración de semejante lugar donde los muebles se encontraban en el mismo
lugar donde habían sido abandonados y
llenos de polvo y a la espera de sentir la presencia de algún fantasma
vistiendo las ropas del más allá, como dice Charly Garcia, dan con una mesa
sobre la cual se encuentra, a modo de nota, un papel amarillento sobre el cual
se abalanzan busca de alguna información
que develara el misterio de la casa lo repliegan y con letra despareja
y temblorosa dice: querida amada si volvés un día en que yo no esté más sabe
que todos los 5 de cada mes vine a
nuestra casa a esperarte el día que prometiste volver con la casa limpia y con
un traje nuevo para la ocasión como te prometí, las plantas te extrañan y ya
crecen sin ton ni son estimo en un futuro serán el motivo de la perdición de la
casa; me despido amada mía y te espero en otro lado los 5 de cada mes con la
casa limpia y con un traje nuevo.
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