jueves, 7 de septiembre de 2017

LA CASA DE LOS MIL TRAJES

Por Luis Maria LLaneza

Según cuenta una vieja leyenda en una  calle de la Provincia de Buenos Aires a una cuadra nomás del río existía una misteriosa y amplía casa, de dos o tres pisos, en cuyo frente y costado se encontraban varios balcones. En dichas estructuras colgantes crecía una espesa y variada vegetación producto del abandono y favorecida por la humedad de la lluvia y la  casi inexistente interacción humana como así también por alguna caricia húmeda de algún perro que circunstancialmente exploraba el lugar, en busca de alguna presa o algún tesoro escondido,  el cual estaba bastante descuidado para enojo de algún vecino cuyo mal genio nunca falta en ninguna  vecindad.
Esto último estaba provocado por la sensación de abandono que tenía el lugar producto del crecimiento incontrolado de la espesa y variada vegetación que crecía en el lugar y que en la planta baja ya estaba ganando parte de la vereda lo cual dificultaba no solo el tránsito por el lugar sino la incomodidad visual que provocaba que algún vecino saliera con un machete en la mano y le arrojara varios y furiosos golpes a las plantas y pastos que crecían en el lugar y que ya alcanzaban a tener una entidad propia de los que se adueñan de un lugar para  no abandonarlo más,  algo así como un ocupa verde. Generalmente estos golpes no causaban ningún efecto sino solo  la resignación del Robin Hood callejero quien al poco tiempo se deleitaba con las flores y los aromas que destilaban las plantas objeto de sus ataques. Hasta aquí esta historia no pasa de ser la misma y repetida historia de cualquier casa abandonada sino fuera por lo que estaba sucediendo mientras nosotros, tranquilamente, nos ocupábamos de la maleza que igualmente seguía creciendo a pesar de nuestros condenatorios juicios de valor.
Claro está que como consecuencia de la frondosa y húmeda selva barrial no se podían divisar los huecos de las ventanas y, por ende, ninguno de los vecinos podía chusmear lo que acontecía en ese extraño paisaje que por diferente de todos los demás , de clase media, atraía toda la atención del morbo humano del lugar y sus  alrededores quienes ya habían recibido noticia de ese raro paraje.
Como sucede en todos estos casos y siempre que se advierte semejante anomalía del conocimiento vulgar la gente del lugar cae en la cuenta que no se ve salir ni entrar a persona alguna y que ya nadie recuerda que se hizo de sus habitantes primigenios, ni de que se ocupaban o de que o como se ganaban la vida; ahora sí que esta casa es un misterio completo: tiembla el barrio y tiemblan los infiernos familiares que se despiertan cuando todos advierten la  carencia de atención sobre la vida, destino y suerte de los habitantes de esa casa…cómo se nos pudo pasar por alto semejante intromisión a la privacidad ajena?...
Según cuenta una vieja leyenda en una  calle de la Provincia de Buenos Aires vivía un hombre sobreviviente de una familia numerosa que, en sus inicios, estaba compuesta por la pareja de padres y por varios hijos de distinto sexo que llevaban una vida corriente ayudados por una pequeña herencia familiar . Según cuentan trabajaban en una pequeña pero prospera empresa familiar fabricando el pan con que empezaron surtiendo las necesidades del barrio lo cual les alcanzaba para vivir, hasta aquí todo normal como era de esperarse en cualquier historia rosa de final feliz donde terminan comiendo felices y cantando villancicos en la chimenea. Dicen los conocedores de esta leyenda que en determinado momento el destino cambio la historia de esta familia y de repente la empresa panificadora cerró de pronto dejando en ascuas a todos los corrillos del barrio quienes nunca supieron que se hizo de la familia puesto que desaparecieron de repente y nunca más supieron de ellos hasta que un día apareció en la casa uno de los hijos mayores quien se dedicó a cuidar las plantas del balcón y a mantener aparentemente todo en orden. Todo un misterio ya que el factor común de su supervivencia era la soledad y el ostracismo ya que jamás intercambiaba palabra alguna con los vecinos hasta que un día apareció una mujer, de quien no se conoce ningún dato ni descripción, quien después de un tiempo también desapareció dejando similar estela de misterio como toda la otra familia. Un tiempo más, aquel hombre triste y gris, continuó residiendo en ese domicilio que ya empezaba con su progresivo deterioro exteriorizándose en la desfachatez incontrolable de esa maraña vegetal que pusiera en alerta a los vecinos quienes ya creían muerto a ese hombre ausente de sociabilidad y por ende de simpatía y encanto comunal. Se sabe por el decir popular que un día el hombre más triste, gris y silencioso que nunca se marchó de la casa dejando huérfanas de cuidado a sus locas e inestables compañeras de balcón. Cuenta esta breve historia que cuando los  vecinos comenzaron a reunirse  para deliberar acerca del misterio de los habitantes de la casa reapareció el extraño hombre con un avanzado estado de deterioro, más gris, con menos pelo, con el peso de la vida en su espalda y con mucho más misterio; notaron que en su mano  derecha llevaba con mucho cuidado una bolsa de traje y una escoba. El vecino de la casa contigua y después de muchísimo tiempo cree haber oído como si alguien barriera pero  dicha escucha se la atribuyeron a su imaginación auditiva por el hecho de haberlo visto entrar con una escoba. Antes de que terminara de anochecer y según relatan algunos vecinos pocos creíbles lo vieron partir con las manos vacías, pero lo que más le llamó la atención es que no había atendido con riego a sus queridas plantas las que ya  empezaban a subsistír por los aciertos  del servicio metereológico cuando auguraban lluvias. Los dueños del relato, ya que toda leyenda tiene sucesivos relatores, datan dicha aparición al día 5 sin recordar mes o año pudiendo advertir con el paso del tiempo que dicha aparición se llevó a cabo durante mucho tiempo el mismo día 5 de cada mes llevando siempre una bolsa de plástico del tamaño de un traje y una escoba los que dejaba siempre cuando se retiraba, se cree, a su domicilio .Esta leyenda se sigue contando pero  casi siempre con finales variados de conformidad a la imaginación y agregados de quien la cuenta.
Ya en el presente  ante el eminente peligro de derrumbe y para dar paso a la maldita modernidad existe una casa amplia a una cuadra del río en una  calle de la Provincia de Buenos Aires con  balcones exultantes de enmarañada y desobediente vegetación que invade la vereda que fue abierta por órden judicial en la que el personal que trabaja en el cumplimiento de la órden judicial se encontraron y no sin asombro con una casa llena de trajes perfectamente acomodados uno al lado del otro  en cuyas bolsas se encontraba escrita la  data 5/1, 5/2 y así sucesivamente,  a modo de ordenamiento, y en la habitación de al lado muchas escobas todas ellas deterioradas por el fatal paso del tiempo aumentando aún más el misterio de la casa abandonada; pero siguiendo en la exploración de semejante lugar donde los muebles se encontraban en el mismo lugar donde habían sido abandonados y  llenos de polvo y a la espera de sentir la presencia de algún fantasma vistiendo las ropas del más allá, como dice Charly Garcia, dan con una mesa sobre la cual se encuentra, a modo de nota, un papel amarillento sobre el cual se abalanzan busca de  alguna información que develara el  misterio  de la casa lo repliegan y con letra despareja y temblorosa dice: querida amada si volvés un día en que yo no esté más sabe que todos los 5 de cada  mes vine a nuestra casa a esperarte el día que prometiste volver con la casa limpia y con un traje nuevo para la ocasión como te prometí, las plantas te extrañan y ya crecen sin ton ni son estimo en un futuro serán el motivo de la perdición de la casa; me despido amada mía y te espero en otro lado los 5 de cada mes con la casa limpia y con un traje nuevo.























































































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