lunes, 4 de septiembre de 2017

EN EL ESCENARIO DE LOS HORRORES –QUINTA FUNES-



Por el Dr.Luis María Llaneza


Comentando nuevamente una nota aparecida en las págs.4/5 del diario Página 12 del 13/1/03 tratare de demostrar las atrocidades cometidas por quién estaba en prisión domiciliaria, por claras violaciones a los derechos humanos cuando era amo y señor de Santa Fe,  al momento de morir. En el artículo de mención Miguel Bonasso hace un comentario que vale la pena transcribirlo en sus partes fundamentales: “...en algunos países que sufrieron el terrorismo de estado, los antiguos campos de concentración están marcados con una placa o monolito que obligan al viajero a tratar de escuchar en el escenario que esta contemplado los gritos que lo habitan en el pasado; en la Argentina, en cambio,  el grotesco sucede al espanto...”.  Como bien se puede deducir de la transcripción precedente en nuestro País se homenaje a los torturadores con perdones y beneficios de todo tipo y se trata de guardar en el olvido los lugares donde cometieron sus fechorías pero la memoria del pueblo es irreversible y siempre vuelve para recordarles que sus pasados los condenan  y que siempre volveremos al lugar de sus crímenes para que, justamente, esa memoria que reclama juicio y castigo viva por los siglos de los siglos y a través de muchas generaciones con la única finalidad de que el “NUNCA MAS” sea una realidad.

Emn estos momentos la mencionada quinta es propiedad de una princesa monegasca y de un general que compro ese título en el principado de Mónaco, una burlka más a nuestros desaparecidos que claman por justicia. Como continuación del artículo base de este comentario y una vez ingresado su autor junto a un fotógrafo se señala que se pudo ver a los invitados en la piscina donde alguna vez estuvieron los “chupados” como así también el vestidor que hizo las veces, en otros tiempos, de calabozo.  También resulta extraño que a los habitantes de Funes no les llamara la atención que al momento en que funcionaba el centro de detención clandestino entraran y salieran tantos autos y que la quinta estuviera custodiada, pero se ve que el terror fue lo que motivo el silencio vecinal y la consiguiente ignorancia y falta de asombro lógico en esos tiempos de dictadura en que con los militares no se jugaba. Dispar es el comentario actual de los vecinos ya que una señora recordó que  no se podía ver nada por el cerco de árboles que rodeaba la propiedad y que luego fueron talados; otro señor manifestó que hombres de civil no permitían acercarse especialmente de noche y una tercera persona se puso a llorar cuando se le dijo el motivo de este artículo pues había estado en un centro de detención. El autor del artículo en cuestión fue interceptado por tres personas en traje de baño y uno de ellos negó que la quinta hubiera sido un campo de concentración; evidentemente no sabía leer o había venido de marte porque a esta altura de la historia nadie puede negar ni desconocer esa realidad.

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