Por
el Dr.Luis María Llaneza
Comentando
nuevamente una nota aparecida en las págs.4/5 del diario Página 12 del 13/1/03
tratare de demostrar las atrocidades cometidas por quién estaba en prisión
domiciliaria, por claras violaciones a los derechos humanos cuando era amo y
señor de Santa Fe, al momento de morir.
En el artículo de mención Miguel Bonasso hace un comentario que vale la pena
transcribirlo en sus partes fundamentales: “...en algunos países que sufrieron
el terrorismo de estado, los antiguos campos de concentración están marcados
con una placa o monolito que obligan al viajero a tratar de escuchar en el
escenario que esta contemplado los gritos que lo habitan en el pasado; en la
Argentina, en cambio, el grotesco sucede
al espanto...”. Como bien se puede
deducir de la transcripción precedente en nuestro País se homenaje a los
torturadores con perdones y beneficios de todo tipo y se trata de guardar en el
olvido los lugares donde cometieron sus fechorías pero la memoria del pueblo es
irreversible y siempre vuelve para recordarles que sus pasados los
condenan y que siempre volveremos al
lugar de sus crímenes para que, justamente, esa memoria que reclama juicio y castigo
viva por los siglos de los siglos y a través de muchas generaciones con la
única finalidad de que el “NUNCA MAS” sea una realidad.
Emn
estos momentos la mencionada quinta es propiedad de una princesa monegasca y de
un general que compro ese título en el principado de Mónaco, una burlka más a
nuestros desaparecidos que claman por justicia. Como continuación del artículo
base de este comentario y una vez ingresado su autor junto a un fotógrafo se
señala que se pudo ver a los invitados en la piscina donde alguna vez
estuvieron los “chupados” como así también el vestidor que hizo las veces, en
otros tiempos, de calabozo. También
resulta extraño que a los habitantes de Funes no les llamara la atención que al
momento en que funcionaba el centro de detención clandestino entraran y
salieran tantos autos y que la quinta estuviera custodiada, pero se ve que el
terror fue lo que motivo el silencio vecinal y la consiguiente ignorancia y
falta de asombro lógico en esos tiempos de dictadura en que con los militares
no se jugaba. Dispar es el comentario actual de los vecinos ya que una señora
recordó que no se podía ver nada por el
cerco de árboles que rodeaba la propiedad y que luego fueron talados; otro
señor manifestó que hombres de civil no permitían acercarse especialmente de
noche y una tercera persona se puso a llorar cuando se le dijo el motivo de
este artículo pues había estado en un centro de detención. El autor del
artículo en cuestión fue interceptado por tres personas en traje de baño y uno
de ellos negó que la quinta hubiera sido un campo de concentración;
evidentemente no sabía leer o había venido de marte porque a esta altura de la
historia nadie puede negar ni desconocer esa realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
SU COMENTARIO AYUDA A LA VIDA DE ESTE BLOG