Por el Dr.Luis María Llaneza
La razón por la que comento este artículo de la
burda crónica policial publicada en el diario Página 12 del 5/1/03 es para
arribar a una conclusión que nos haga reflexionar sobre qué vale más si un
objeto inanimado o la vida humana, o en un concepto utilitarista preguntarnos
si un objeto material vale más que nuestra libertad o mejor dicho si debemos
prepararnos para tener reacciones irracionales ante la menor agresión a
nuestros bienes. Este hecho se desarrolló en la Ciudad de La Banda en Santiago
del estero a solo 5 Km. de la capital provincial y envuelve a dos barrios
distantes a solo 15 cuadras, siendo uno de clase media y el otro de clase media
baja. En este lugar vivía un profesor junto a su señora y dos hijas a quienes
le había regalado una bicicleta a cada una. En algún momento de la tarde de ese
fatal día un extraño junto a su hija de 12 años les robo las dos bicicletas
pero en forma tan poco profesional que este supuesto ladrón circulaba en su
propia bicicleta llevando una de las bicicletas robadas mientras su hija
pedaleaba a su lado en el otro rodado aparentemente sustraído. Al percatarse de lo que estaba sucediendo el
profesor tomo su revolver calibre 38 y salió a perseguir, también en bicicleta,
al presunto ladrón.
La persecución de mención duro aproximadamente 15
cuadras hasta que el profesor se acerco al sujeto y su hija y disparó dos tiros
intimidatorios. Al escuchar los tiros el ladrón se bajo de su bicicleta y dejó
la sustraída en el piso diciéndole a HERRERA (el profesor) que podía herir a su
hija cuando en esos momentos HERRERA disparó de nuevo el Araujo (el ladrón)
cayó herido al piso. Ante este cuadro HERRERA recupera sus dos bicicletas y se
retira dejando a la nena llorando al lado de su padre mientras este se
desangraba.
Como corolario de este hecho salvaje Araujo llega
muerto al Hospital de urgencias pudiendo comprobar la policía y los testigos
que no se encontraba armado. Con la frialdad que caracteriza a quien mata con satisfacción
por el deber cumplido este profesor se fue a su casa, se cambio de ropa y fue a
la Comisaría donde se enteró que Araujo había muerto y a pesar de que en su
versión de los hechos la víctima estaba por sacar un arma quedó detenido e
incomunicado.
Una vez presentado el hecho analizaré la conducta
del profesor diciendo que a pesar de la inseguridad existente en nuestro País
no deben estar armadas las personas que como este profesor no están ni psíquica
ni emocionalmente preparados para ello porque ese desequilibrio puede causar la
muerte no solo de una persona que en
ningún momento puso en riesgo la vida del homicida sino también acaba de
arruinar la vida de sus dos pequeñas hijas y de su esposa, inclusive la suya
también ya que la misma solo vale de 8 a 25 años de prisión.
Es por esto que este comentarista se opone a la
propaganda, interesada de quienes quieren imponer la tolerancia cero, de la
inseguridad que da un mensaje subliminal de “sálvese quien pueda” todo ello
unido a la ineficiencia en unos casos y a la complicidad en otro de nuestras
policías. Este profesor seguro se dejó llevar por los consejos de nuestra
sociedad de consumo que valora más las adquisiciones materiales que la vida
humana que nos hace guardianes celosos de las cosas antes que protectores
respetuosos y responsables de la vida humana.
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